Nuestra responsabilidad con los huérfanos

En todas las culturas hay leyes escritas o tradición oral que tienen que ver con el cuidado de los huérfanos dentro de la cultura. La mayoría de las veces el cuidado de los huérfanos se limita a la familia. Por ejemplo, en Guatemala es común que cuando un niño se queda sin padres por alguna situación dramática (muerte accidental, enfermedad, violencia), la familia “recoge” al niño y lo atiende. Quizá lo hagan los abuelos o algún tío, de manera que, en muchos casos, el niño es criado dentro del círculo familiar.

Sin embargo, cuando se trata de situaciones que están más allá del círculo familiar es muy poco lo que se hace. En nuestro contexto casi no existe la cultura de la adopción. En los casos en que hay adopciones, por lo regular la situación es la de una pareja de esposos que no pueden tener hijos propios y deciden adoptar algún niño huérfano. Sin desmerecer las motivaciones emocionales de la pareja,  normalmente el enfoque está, precisamente, en la satisfacción de las necesidades emocionales de la pareja y no tanto en la ayuda a un niño necesitado, aunque en el proceso eso sucede, obviamente.

 

En muchos países, los gobiernos han establecido orfanatos para atender a los huérfanos, pero ese modelo se ve desgastado con el paso del tiempo, como sucede con casi todas las instituciones gubernamentales (falta de presupuesto, descuido de las instalaciones, personal no apto, etc., etc.) En otros casos las organizaciones de caridad (mayormente católicas) han hecho un mejor trabajo, pero parece que no ha sido suficiente. Más recientemente se ha visto cómo ONG’s fundadas y administradas por extranjeros (mayormente norteamericanos de trasfondo e identidad evangélicas) están estableciendo orfanatos, casas hogares, y escuelas para atender a nuestros huérfanos. Una conclusión que extraigo de esta realidad es que parece que los guatemaltecos esperan que otros atiendan a sus huérfanos (gobierno, organizaciones de caridad, ONG’s). Como que la cultura guatemalteca no ha aprendido a cuidar de sus propios huérfanos. Esta cultura incluye, tristemente, a la iglesia evangélica, que no ha hecho casi nada.

 

¿Hay responsabilidades con los huérfanos que le corresponden al pueblo de Dios? ¿Hay enseñanza bíblica al respecto? ¿Hay mandatos bíblicos explícitos? ¡Claro que sí! En la Ley de Moisés hay mandamientos explícitos y claros sobre lo que el pueblo de Dios debe hacer con sus huérfanos. La base de estos mandamientos es el carácter mismo de Dios, quien cuida a las viudas y los huérfanos (Dt. 10:18). El pueblo de Dios debía proveer alimento y vestido para los huérfanos (Dt. 14:29; 24:19-21), proteger sus derechos (Dt. 24:17; 27:19), no aprovecharse de ellos, so pena de caer bajo el juicio divino (Ex. 22:22-24). Los profetas llaman la atención al pueblo de Dios porque el pueblo no ha cumplido lo que la ley mandaba (Is. 1:17, 23). El texto más representativo de todos es el de Santiago 1:27, en donde se identifica la esencia misma de la fe cristiana con la atención de los huérfanos.

 

Es inevitable concluir que el pueblo de Dios tiene una gran responsabilidad con los huérfanos. En Guatemala, los cristianos no estamos cumpliendo con esa responsabilidad. ¡Es una vergüenza que otras personas y organizaciones estén haciendo el trabajo que nos corresponde! No estoy diciendo que no hay necesidad de la ayuda de otros, pero lo que ha estado pasando es que toda la carga y toda la responsabilidad la estamos evadiendo. A veces llegamos al extremo de “saludar con sombrero ajeno” cuando mencionamos lo que se está haciendo a favor de los huérfanos. ¡Nosotros no estamos haciendo casi nada! Las personas guatemaltecas que trabajan con huérfanos están siendo sostenidas desde afuera. Los alimentos que los huérfanos comen son comprados con recursos de afuera. El vestido y la educación que reciben se financian con fondos de afuera. Las instalaciones donde viven, juegan y se educan son construidas con fondos de afuera. ¿Qué hacemos nosotros por  nuestros huérfanos? “Es que somos pobres” dirán muchos. Francamente no creo que la iglesia evangélica de Guatemala sea pobre. Lo que no tenemos es nuestras prioridades en orden, porque sí invertimos y gastamos dinero en muchas cosas buenas, útiles (o no tan buenas ni tan útiles), pero no en  nuestros huérfanos. ¡Ya es hora que cambiemos nuestra mentalidad y pongamos en orden nuestras prioridades!

Escrito por Dr. David Suazo J.

Profesor de SETECA


David Suazo2     

5 comentarios sobre “Nuestra responsabilidad con los huérfanos”

  1. La practica y reevaluacion, Jesus dijo a sus discipulos, dadles vosotros de comer…En donde esta la accion? No es solo problema de un grupo, es problema de todo el pais.
    Y tambien la falta de voluntad, es cierto que es vergonzoso que otros, esten tratando de arreglar esto, cuando nosotros debemos ayudar a los necesitados, la iglesia primitiva Cristiana lo pudo hacer……y nosotros NO, porque es esto asi? Bueno, cuando se arregle esto, el mundo cambiará!

  2. Muy bueno. Sin dudas, necesitamos críticas sanas como esas, o de una mejor forma, un llamado a la conciencia de ese calibre. Nuestros países se han acomodado a la dependencia del norte en muchos sentidos, y sin duda, evaden muchas responsabilidades que nos tocan a nosotros. Hay una gran lista de “cosas por hacer”, pero creo que si damos un paso a la vez, podemos suplir las necesidades tan grandes que vive la sociedad centro y latinoamericana. Hay recursos, pero no los queremos usar o no los queremos ver, que es peor. Lo cierto es que tenemos que attender a nuestro rancho, y no que otros nos quiten el mérito. Por cierto, saludos profe, como siempre aprendiendo más…

  3. Gracias por publicar este articulo, es de edificación. tengo mucho tiempo queriendo involucrarme al respecto de este tema y no se como empezar o a que organización apoyar. Si pudieran ayudarme con alguna asesoría para saber como empezar a poner en practica esto seria de gran ayuda. Se los agradezco mucho, Dios siga usando su vida.

  4. El problema de atención a los huérfanos es de toda la sociedad y su solución no solo beneficia al huérfano sino a la colectividad, ya que evidentemente, un niño huérfano que sobrevive por sí mismo tiene pocos caminos que no le lleven a la delincuencia, mientras que si crece protegido, sea por la Iglesia u otra institución, es muy probable que se inserte en el tejido social como una persona activa.

  5. Buscando información sobre adopción me encontré este interesante artículo.
    En terapia de pareja, me ha tocado platicar con parejas que no pueden tener hijos y se debaten entre adoptar o la fertilización in vitro.
    Creo que la primera opción implica un análisis ético más reflexivo.

    Saludos desde México.

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